sábado, 16 de noviembre de 2013


Algunos dicen que la serpiente de Edén era Satán disfrazado; o sea el Arcángel Samael.

Otros dicen que cuando los ángeles (todos) se habían puesto obedientemente a los pies de Adán, Samael le dijo a Dios: “Señor del Universo, Tú nos creaste con el esplendor de Tu gloria. ¿Debemos adorar a un ser formado con polvo?” Dios replicó: “Sin embargo, esta criatura, aunque fue formada con polvo, te supera en sabiduría e inteligencia”. Samael le dijo: “¡Ponnos a prueba!” Dios dijo: “He creado a los animales y a los reptiles. Desciende y ponlos en fila, y si puedes, dale los nombres que yo les habría dado, Adán rendirá homenaje a tu sabiduría. Pero si no puedes hacerlo y él sí, tendrás que rendirle homenaje”.

En Edén, Adán rindió homenaje a Samael, a quien tomó equivocadamente por Dios. Pero Dios le hizo levantarse y preguntó a Samael: “¿Serás tú el primero que dé nombres a esos animales o será Adán?” Samael contestó: “Seré yo pues soy el mayor y el más sabio”. Inmediatamente Dios puso bueyes ante él y le preguntó: “¿Cómo se llaman?” Cuando Samael guardó silencio Dios alejó a los bueyes. Luego le presentó un camello y después un asno, pero Samael no pudo dar nombre a ninguno de ellos.
Luego Dios puso comprensión en el corazón de Adán y le habló de manera que la primera letra de cada pregunta indicara el nombre del animal. Así tomó unos bueyes y dijo: “Bueno, abre tus labios, Adán, y dime su nombre”. Adán contestó: “Bueyes”. A continuación le presentó un venado y le dijo: “Ven, dime el nombre de éste”. Adán contesto: “Venado”, Por fin Dios le mostró un asno: “¿Aspiras a nombrar a éste?” Adán contestó: “Es un asno”.

Cuando Samael vio que Dios había instruido a Adán gritó indignado. “¿Gritas…?”, le preguntó Dios. “¿Cómo no he de gritar —replicó Samael— si Tú me creaste con Tu gloria y luego has dado inteligencia a una criatura hecha con polvo?”

Dios dijo: “¡Oh malvado Samael! ¿Te asombra la sabiduría de Adán? ¡Sin embargo, él ahora preveerá el nacimiento de sus descendientes y dará a cada uno su nombre hasta el Día del Juicio!” Dicho esto arrojó a Samael del cielo y a sus ángeles ayudantes. Samael se asió a las alas de Miguel y lo habría arrastrado a él también hasta el abismo si Dios no hubiera intervenido.

Samael quiere decir quizá “veneno de Dios”, aunque probablemente su nombre sea una deformación de Shemal, divinidad siria. Adán inventó el vino y no tuvo tiempo de ponerle nombre porque se embriagó de tal forma que perdió el aliento. Las peleas y rencillas del Paraíso se diferencian de las de la Tierra en que las letras se inscriben con Mayúsculas y en que Dios tiene más poder para castigar a los hombres. Con todo, en los episodios de Abel y Caín y en las maldiciones de Noé, es fácil advertir que la cólera divina y la cólera terrestre vuelven a diferir solamente por las Capitulares.




Fuente:
Material de Lectura: Margo Glantz / Selección e introducción de Bernardo Ruíz. 1a ed. México : UNAM, Cordinación de Difusión Cultural, Dirección de Literatura, 1990.

Imagen:
"Ilustración de Lucifer del libro "El Paraíso Pérdido", pág 179-187" de Gustave Dore. Grabado. Alemania, Francia, 1866.

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