jueves, 12 de diciembre de 2013



No es fácil expresar lo que has cambiado.
Si ahora estoy viva entonces muerta he estado,
aunque como a las piedras, no me preocupaba,
seguía en mi lugar de acuerdo con la costumbre.
No me moviste un ápice, no-
tampoco me dejaste con los ojos abiertos
hacia el cielo una vez más, sin esperanza, claro está
de asir los astros ni las estrellas.

No fue eso. Me dormí: una serpiente
camuflada entre rocas negras como roca negra
en el hiato blanco del invierno-
como los vecinos, sin encontrar placer
en el millón de mejillas cinceladas
perfectamente cinceladas ardiendo a cada  instante
para fundir mi mejilla de basalto. Se pusieron a llorar,
ángeles llorando por naturaleza apagadas,
pero no me convencieron. Las lágrimas se helaron.
Cada cabeza de muerto tenía un yelmo de hielo.

Y seguí durmiendo como un dedo doblado.
Lo primero que vi fue puro aire
y las gotas que se elevaban en rocío
puras como espíritus. Había muchas piedras
alrededor, densas y sin expresión.
Yo no sabía que hacer con ello.
Brillaba, como escamas de mica, y me abría
para verterme como un líquido
entre patas de pájaro y tallos de plantas,.
No me engañabas. Te reconocí al instante.

El árbol y la piedra brillaban, sin sombras.
Mi dedo se alargaba y rutilaba como cristal.
Comencé a brotar como una rama en marzo:
un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.
De piedra a nube, así ascendía.
Ahora parezco una especie de dios
y floto en el aire con el rumbo del alma
pura como una lámina de hielo. Es un don.




Fuente:
Soy vertical. Pero preferiría ser horizontal / Sylvia Plath; tr. de Jonio González, Jorge Ritter y Eli Tolaretxipi. Madrid: Mondadori, 1999.

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