sábado, 31 de mayo de 2014


El Genio dijo al pescador que lo había sacado de la botella de cobre amarillo:

—Soy uno de los genios heréticos y me rebelé contra Salomón, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!). Fui derrotado; Salomón, hijo de David, me ordenó que abrazara la fe de Dios y que obedeciera sus órdenes. Rehusé; el Rey me encerró en ese recipiente de cobre y estampó en la tapa el Nombre Muy Alto, y ordenó a los genios sumisos que me arrojaran en el centro del mar. Dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, lo enriqueceré para siempre. Pero un siglo entero pasó y nadie me dio la libertad. Entonces dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, le revelare todas las artes mágicas de la tierra. Pero cuatrocientos años pasaron y yo seguía en el fondo del mar. Dije entonces: a quien me dé la libertad , yo le otorgaré tres deseos. Pero novecientos años pasaron. Entonces, desesperado, juré por el Nombre Muy Alto: a quien me dé la libertad, yo lo mataré.

Prepárate a morir, oh mi salvador.




Fuente:
El libro de las imaginaciones / Selección de Edmundo Valadés.  19a reimp. de la 1a. México: Fondo de Cultura Económica, 2012. 

Imagen
El genio de la lámpara de Diego Moscano©. Ilustración. Argentina, 2012. 
Recuperado de su página personal:  http://diegomoscato.blogspot.mx/2012/01/cuentos-clasicos.html

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