miércoles, 27 de marzo de 2013



AÑO, AÑO NUEVO, COSMOGONÍA

En todas partes existe una concepción del fin y del comienzo de un período temporal, fundado en la observación de los ritmos biocósmicos, que se encuadran en un sistema más vasto, el de las purificaciones periódicas (purgas, ayunos, confesiones de pecados, consumición de la nueva cosecha) y de la regeneración periódica de la vida. Existe una necesidad de una regeneración periódica. Una regeneración periódica del tiempo presupone una creación nueva, una repetición del acto cosmogónico, una abolición de la historia.

Divide en dos grupos las ceremonias periódicas: 1) expulsión anual de los demonios, enfermedades y pecados; 2) rituales de los días que preceden y siguen al Año Nuevo. 

Describe y ejemplifica cada una de ellas. Casi en todas partes, la expulsión de los demonios, de las enfermedades y de los pecados coinciden o coincidió en cierta época, con la fiesta del Año Nuevo. En este período asistimos al cese de cierto intervalo  temporal, a la abolición del año pasado y del tiempo transcurrido. El sentido de las purificaciones rituales es una combustión, una anulación de los pecados y de las faltas del individuo y de la comunidad en su conjunto. La regeneración es un nuevo nacimiento. Por lo tanto esta expulsión de demonios, enfermedades y pecados es en realidad una tentativa de restauración del tiempo primordial y puro. Todo Año nuevo es volver el tiempo en su comienzo, una repetición de la cosmogonía.

Los combates rituales entre los dos grupos de figurantes, la presencia de los muertos, las saturnales y la orgías son otros tantos elementos que denotan que al fin del año Nuevo se repiten los momentos míticos del pasaje y del Caos a la Cosmogonía.


LA PERIODICIDAD DE LA CREACIÓN

La creación del mundo se reproduce cada año. Permite el retorno de los muertos a la vida y mantiene la esperanza de los creyentes en la resurrección de la carne. En estos casos esa resurrección se producirá al comienzo del año, al principio de una nueva era. Existen lazos estrechos entre las ideas de la creación por el agua (diluvios, lluvia), el nacimiento y la resurrección.


REGENERACIÓN CONTINUA DEL TIEMPO

Necesidad de mantenerse sin cesar en el “paraíso de los arquetipos”. También la necesidad del hombre de librarse del recuerdo del pecado, de una secuencia de acontecimientos personales cuyo conjunto constituye la historia. Fuera de las ceremonias periódicas de abolición de la historia, las sociedades conocían y aplicaban otros métodos para lograr la regeneración del tiempo. Por ejemplo los ritos de construcción representan la reactualización de la cosmogonía. En las ceremonias de entronización del rey, un nuevo reinado ha sido considerado como una regeneración de la historia del pueblo e incluso de la historia universal. Con cada nuevo soberano comenzaba una nueva era.

Diversos en sus fórmulas, todos estos instrumentos de regeneración tienden hacia la misma meta: anular el tiempo transcurrido, abolir la historia mediante un regreso continuo por la repetición del acto cosmogónico.
La idea de que la vida no puede ser reparada sino sólo re-creada mediante la repetición de la cosmogonía, se ve claramente en los rituales de curación. En muchos pueblos primitivos la curación lleva implícita como elemento esencial la narración del mito cosmogónico. Tanto en el antiguo oriente como en las tradiciones médicas europeas, un remedio es eficaz si se conoce su origen y si su aplicación es contemporánea con el momento mítico de su descubrimiento. Describe algunas características de las creencias relacionadas con el ciclo lunar han desempeñado un papel importantísimo en la elaboración de las concepciones cíclicas. Encontramos analogías en las concepciones apocalípticas y en las antropogonías  arcaicas: el diluvio o la inundación pone fin a una humanidad agotada y pecadora. Se regenera una nueva humanidad, en general de una antepasado mítico, salvado de la catástrofe o de un animal lunar. El ritmo lunar revela intervalos cortos y nos revela consecuencias optimistas. Ese optimismo se limita a la conciencia de la normalidad de la catástrofe cíclica, a la certeza de que tiene un sentido, y de que jamás es definitiva. Son necesarios para que la humanidad se regenere. En todos estos concepciones lunares domina la concepción del eterno retorno, de la vuelta cíclica de los que entes fue.




Fuente:
El mito del eterno retorno / Mircea Elíade; tr. del francés de Luis Gil. 2a ed. Barcelona: Kairós, 2003

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