viernes, 14 de febrero de 2014



Irás sobre la vida de las cosas 
con noble lentitud; que todo lleve 
a tu sensorio luz: blancor de nieve, 
azul de linfas o rubor de rosas.

Que todo deje en ti como una huella 
misteriosa grabada intensamente 
lo mismo el soliloquio de la fuente 
que el flébil parpadeo de la estrella.

Que asciendas a las cumbres solitarias 
y allí, como arpa eólica, te azoten 
los borrascosos vientos, y que broten 
de tus cuerdas rugidos y plegarias.

Que esquives lo que ofusca y lo que asombra 
al humano redil que abajo queda, 
y que afines tu alma hasta que pueda 
escuchar el silencio y ver la sombra.

Que te ames en ti mismo, de tal modo 
compendiando tu ser cielo y abismo, 
que sin desviar los ojos de ti mismo 
puedan tus ojos contemplarlo todo.

Y que llegues, por fin, a la escondida 
playa con tu minúsculo universo, 
y que logres oír tu propio verso 
en que palpita el alma de la vida



Fuente:
Preludios. lirismos ; silenter ; los senderos ocultos / Enrique González Martínez; Ed. y prólogo de Antonio Castro Leal. 1a ed. México: Porrúa, 1946.


Imagen:
Las tres edades de Saturnino Herrán. Pintura. México, 1916.

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