miércoles, 12 de diciembre de 2012




El ex-presidente de la República General don Maximiliano
Hernández Martínez, fue cruelmente asesinado el día de
ayer, por su propio chofer y mozo de servicio. El hecho
ocurrió en la finca de Honduras donde el anciano militar
transcuría su pacífico exilio. Se disponía a almorzar, según
las informaciones, cuando el asesino lo cosió virtualmente
a puñaladas, por motivos que aún se ignoran. Los servicios
de seguridad de ambos países buscan al criminal...."
(DE LA PRENSA SALVADOREÑA)

en el fondo pobrecito mi General
hoy creo que debí pensarlo dos veces
uno sigue siendo cristiano
pero de vez en cuando va de bruto y le pide consejo al alcohol
se vino a dar cuenta cuando ya le había zampado
cinco o seis puñaladas
y a la docena se tiró un pedito de viejo
y se medio ladeó en la silla
él siempre decía que era incomprendido
y que se moriría como don Napoleón Buenaparte un su maestro
yo le saqué la cara de la sopa
y le metí cinco trabones más
valiente el hombre la mera verdad
las lágrimas que le salieron de los ojos
fue de apretarlos demasiado para parar las ganas de gritar
quién lo mandó a escupirme hoy en la mañana
yo lo estimaba porque se veía lo macho en lo zamarro
siempre puteaba contra los escándalos de las mujeres
creo que todavía le metí otro trabón
cuando fue Gobierno tampoco fui gritador
mientras más quedito hablaba más temblaban los Generales
y el Señor Obispo que también secretea
se escapaba a orinar
no por nada le mandó una vez una foto a mi General Somoza
Presidente de Nicaragua
donde aparecía mi General Martínez
sentado en un canasto de huevos
queria decirle que era valiente y cuidadoso a la vez
digo yo
porque lo que más quiso huevos
fue no quebrar entonces ni un huevo
lo que nunca le entendí fue todo eso de la telepatía
risa me daba cuando decía a hablar en musaraña
aquí está tu telepatía pensé
Dios me perdone
pues vi que aún me pelaba los ojos cuando lo estaba bolseando
quince lempiras mierdas era todo lo que cargaba
y las llaves de la casa y dos pañuelos medio sucios
y unas cartas que le habían llegado de sus nietos de San Salvador
donde le decían adorado agüelito
debe haber tardado su buen rato en morirse
porque las puñaladas fueron medio gallo-gallina
hoy pienso bien me pongo un poco molesto
pero le di tan suave
porque creí que así se debe matar a un viejito
aunque haya sido un hombre tan grande y tan cuerudo
como antes fue mi General
otros le habrían dado de puñaladas como
si lo quisieran matar pero
quebrándole antes los huesos con el zopapo del cuchillo
yo no
si no me hubiera escupido
no me agarra la tarabilla de matarlo
ahí anduviera él todavía para arriba y para abajo con la regadera
en el jardín
todo viejito y regañando
como que era la pura cáscara amarga
pero
otros
ay nanita de mi alma
lo que hubieran hecho para cobrarle
aunque sea un pedacito de lo que debía
otros
de barato
repito
le habrían dado más duro
sólo de muerte él tenía un costal de más de treinta mil
imagínese tamaño volcán
pero claro que en ese clavo le ayudaron bastantes
no fue él solito
quien se los fue echando al pico uno por uno
bastantes ayudantes tuvo a quienes Dios
no va olvidar
lo más que va a pasar es que Dios va a tardar
o se va hacer de al tiro el olvidado
para que los joda solito el Diablo
y así Nuestro Señor no tener responsabilidad
en tanta grosería de ojo por ojo que
no deja de manchar un poquito los manuelas
como decía aquél
es cierto
también
que hasta muy peores que mi General
requetepeores
han de haber en El Salvador todavía vivos
y con la cola parada
porque los crímenes fueron como para que nos tocara un par a cada uno
los ahuevados los apaleados los hambrientos
los presos por puro gusto que también fueron un montón
y de los que anduvieron en huida de por vida ¿ qué me dicen?
y la aflicció de todo el mundo ¿no va entrar en la cuenta?
cómo no va a entrar
si a la hora de confesarse
uno debe contar hasta las malas miradas
mi general decía que el dinero nunca le había manchado las manos
que la sangre sí pero el dinero no
yo no sé de esas cosas
para hablar de cincuenta colones para arriba
en mi pueblo hay que ser doctor
cuando lo registré ya dije que sólo tenía quince lempiras
a saber qué se hicieron los bujuyazos
que le prestaban en los Estados Unidos
de poco le sirvieron sus Médicos Invisibles
y su Tropa de Espíritus
chucús-chucús me sonaba el cuchillo en lamano
como cuando uno puya un saco de sal
con una espina de cutupito
claro que esto de tanto hablar es demás
ahora para qué dijo la lora
si ya me llevó el gavilán
para mí que todo el mundo merece irse al carajo
porque a mí tampoco me fue muy bien que se diga
a la hora de la necesidad
nadie vino a ayudarme
me echaron atrás a toda la Guardia Nacional
y a la Policía de Hacienda
y a unos orejas que dicen que son del Estado Mayor
y a todas las patrullas de Oriente
ni que las puñaladas
se las hubiera metido al Salvador del Mundo
Dios me perdone
yo hice por pura cólera de ratero
lo que muchos deberían
haber hecho por necesidad de lavar su honor
o por bien del país hace más de trinta años
yo no digo que me aplaudan
pero tampoco creo haber hecho lo peor
que se ha hecho en este país
el tuerce de ser pobre también jode
no es lo mismo si se lo hubiera tronado
el Comandante de un Cuartel
hasta me han llegado a decir que yo
no tenía vela en este entierro
pero que ya me metí en la camisa de once varas
debo saber que el difunto
fue una vez el Señor Presidente de El Salvador
y ese es un baño de oro
que se le queda pegado a uno para siempre
tocarlo
pues
era tocarle los huevos al tigre
no importa la matazón
que él hizo en sus buenos tiempos
al fin y al cabo
eso le puede pasar a cualquier Presidente
contando a mi Coronel que hoy está en la estaca
ya que la cosa a cada rato
se pone color de hormiga
porque parece que los comunistas
no acaban de morirse nunca
pero quizás hasta aquí vamos a dejar la plática
no vaya a terminar yo hablando de política
a la vejez
viruelas
como decía aquél
porque yo no me doy cuenta de eso
en realidad lo mejor es callarse
para que mi General acabe
de descansar en paz
si es que lo dejan
allá donde Dios lo habrá rempujado
al fin y al cabo Dios
es el único que reparte los golpes y los premios
a El me encomiendo
y a la Santísima Virgen de Guadalupe
aquí
bien jodido
interinamente
en la Penitenciería de Ahuachapán.


Fuente:
Roque Dalton: Antología / selección de Juan Carlos Berrio. 1a ed. Tafalla, Navarra: Txalaparta, 1995

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